Biografía contada

Les quiero contar quién soy…

Asfer – Artista plástico – 2020

¿Quién soy?

Nací en Mendoza/Argentina en el año 1950.

Crecí alejado de las grandes ciudades. Más bien, mi niñez transcurrió entre médanos, campos y altas montañas. Mi padre trabajaba en el Ferrocarril Trasandino (Argentina-Chile), y cada tanto lo trasladaban sin opción de elegir su destino.

Yo no sé, cual fue la llama que prendió la mecha de mi vocación artística, pero le hecho culpas a estas circunstancias de estar entre paisajes naturales muy fuertes y diferentes. Siempre estaban presente para sostener lo que fue esa vocación temprana y anhelada, aunque también muy demorada: ¡Ser pintor!…

¡Desde niño yo quería ser pintor!

De niño me copiaba de los personajes de algún “El Tony”, revistas que mi padre rescataba de entre las olvidadas en el tren de pasajeros. Después, aprovechando los jardines que cultivaba mi madre copiaba flores del natural, siempre y cuando hubiera algún papel de estraza gris, que ella conseguía en el almacén. Más, la complicidad de Galesi el Jefe de Estación, que me proveía esos lápices de dos color azul y rojo… y los “copiativos”, que dejaban sus huellas violetas por todo mi cuerpo y ropa.

Ya en el tiempo del secundario, todos mis cuadernos y carpetas dejaban rastros de esa vocación.

En 1966, instalado en la Ciudad capital de Mendoza, parecía que pudiera concretar con ese anhelo de aprender a pintar; más no fue así. Tenía que ser “Perito Mercantil” decían mis padres. Mientras, seguía mirando mis sueños de reojo. Mis padres estaban construyendo su casa y había que colaborar. Mi madre hacía de RRPP y siempre nos conseguía, para mi hermano y yo, algún trabajo en los galpones del Ferrocarril, en Guaymallén. Por ese entonces todas “changas” y ningún color a la vista, sino… solo postergación.

Apenas iniciada la década del 70, hacía atletismo y fútbol, de forma amateur. Mi título de Perito Mercantil me había dado la posibilidad de trabajo en algunas Empresas en el centro de la Ciudad de Mendoza.

En ese tiempo conocí a una persona estupenda, Mirta. Ella era profesora de Danzas y estaba iniciando su propio Estudio. Mirta se convirtió en cómplice de mi vocación artística, ¡No era para menos! Teníamos algo en común… arte… y lo pusimos a andar.

Mi primera experiencia con un maestro en artes plásticas fue pactada por Mirta. Ella trabajaba como profesora de Danzas Españolas en los Talleres Culturales de la Municipalidad de Godoy Cruz. Allí conocí al artista José (Pepe) Martí.

Cómplices

Pasado unos meses, Pepe Martí me recomendó estudiar en la Academia provincial de Bellas Artes de Mendoza. Así fue como, en 1973, comencé a recibir la enseñanza que marcara, para siempre, mi estilo y postura artística. Entre 1973/77, fui instruido por grandes Maestros de la Pintura, del Dibujo, de la Escultura y el Grabado. Egresé como “Maestro en Artes Plásticas” en el año 1977.

En 1974 me casé con Mirta Torres (la profe de Danzas), y fuimos cómplices en muchas cosas. Hoy, tras 46 años de matrimonio, somos felices en compartir cada día que transitamos por este planeta Tierra. Fuimos padres de Abel Ariel, Gustavo Javier, Alejandro Adrian, y Paula Romina (que solo nos acompañó por 4 meses). Ellos a su vez nos han hecho abuelos de Gisselle, Antonella, Ezequiel, Sofía, Agostina, Viviana, Angelina, Alfonsina y Diego…

Pareciera que mi vida, por fin, era encaminada definitivamente hacia el Arte, …. ¡Mmmmm… NO!!! No fue así.

Por lo menos, no como me hubiera gustado que fuera… Seguro que a muchos nos pasa, que no terminamos haciendo completamente nuestras vocaciones. Y tal vez, sean más los que no lo consiguen que los que llegan a hacerlo… Yo podría decir que estuve cerca de las dos puntas, pero nunca fui, definitivamente, el artista que quería ser.

Algo más,… iba a suceder. Porque una cosa es hacer, y otra es que te dejen hacerlo…

“El paredón oscuro de la patria” – óleo s/papel – 68×65 cm – Año 1984

Una cosa es querer hacer, otra es, que te dejen hacer…

A ver si me hago entender bien.

Los últimos tres años de la Academia yo me había casado y tenía 2 hijos. Éramos una familia. Yo quería vivir haciendo arte y costearme la vida, de ese arte. Esa aspiración estaba por fin a la vista, sin embargo en 1977 mi nombre comienza a integrar los diferentes listados del Servicio de Inteligencia, Gendarmería, Ejército, Armada y Fuerza Aérea… durante el proceso militar iniciado en 1976. Cada una de ellas a su tiempo, encargadas de verificar mi actividad artística/ciudadana, fue cerrando puertas, poniendo negaciones, quitando mis espacios, e incluso, invadiendo mi casa en 4 oportunidades para realizar allanamientos. Solo contaba con la complicidad de mi amigo y periodista Franklin Vélez (de la Secretaría de Cultura), que me “soplaba”… cuando mi nombre no era parte de los “restringidos”, podía presentar alguna obra.

No podía participar de ningún tipo de concursos, salones, certámenes, convocatorias. No podía dar clases en establecimientos estatales y tampoco en los privados. Todo esto, sin siquiera recibir una explicación sobre el motivo de esa exclusión. Nunca tuve una conducta social que motivara tal reprensión/represión.

No podía exponer mi obra, ni siquiera en el ambiente privado. Recuerdo en el año 1979, el gran maestro Hernán Abal, estaba haciendo la presentación, en la inauguración de mi exposición en el Banco BUCI, cuando se presentaron dos “obreros” del Servicio de Inteligencia, con la intención de que levantara la muestra.

Y lo llamativo de todo es que, así como aparece mi nombre en esas listas, del mismo modo desaparece en el año 1981 (dos años antes de la nueva democracia). Sin explicaciones. En realidad, si hay una explicación, la cual, decidí guardarla solo para mí. Lo repito… no había en mí, ninguna conducta/causa para este tipo de censura.

Tras casi cuatro años de frustraciones, en 1981, esa “liberación” me encuentra en un camino diferente. Un camino que me alejaría todavía más de lo que quería hacer: ¡Pintar!

Cuando me jubile…

No se si te pasó algún pensamiento como este: ¡Cuando me jubile voy hacer tal o cual cosa!

Nada hay más alejado de las “artes visuales”, que las “ciencias exactas”. Bien, fue ahora una entidad bancaria de alcance nacional, la que ocupó un tiempo muy largo de mi vida…

La carrera bancaria empezó en 1977 a consecuencia de “las listas negras”, y me acompañó por más de 20 años. Fuí alternando buenos tiempos de pintura, medianos tiempos y también largas ausencias del vicio de pintar. Especialmente cuando la carrera bancaria me llevó al nivel de funcionario.

Se me viene a la mente, alguna lectura que hice del Libro “El Coronel no tiene quien le escriba” de Gabriel G. Márquez. De cuya lectura salió la inspiración para dos obras de 2 metros de lado, que ahora están en una colección privada de un Arquitecto de Mendoza.

Traigo a la memoria ese libro, porque el Coronel bajaba al puerto, cada Viernes de cada semana, a esperar la lancha del correo que pudiera traerle la carta que le anunciara el otorgamiento de la pensión, por sus servicios en la guerra civil ocurrida unos cuantos años atrás.

Mientras tanto, él, su esposa y su gallo, pasaban la miseria más grande que pudiera existir.

Bien, ese pensamiento me acompañó los últimos 30 años… La jubilación era el puente para entrar a lo que siempre quise hacer: ¡Pintar y pintar… y pintar!!! Mientras eso ocurra, debo transitar las miserias artísticas más grandes que se puedan entender.

Mediado del año 2015, me encuentra en la Ciudad de Río Cuarto. Ya dejado el Banco unos cuántos años atrás, con una pequeña imprenta como emprendimiento personal. Mis tres hijos viven en Canadá (a casi 15 mil km de casa).

¿A que no adivina quien está junto a mi?… ¡Sí, Mirta, la profe de Danzas! Mi compañera y querida esposa.

El Gobierno Nacional de Argentina me termina de otorgar el beneficio de una Jubilación… Entonces,… la última opción que tenía por delante, llegaría al fín: ¡La jubilación!… ¡Sí, me jubilé!!! … ¡A preparar el Taller!

A preparar El Taller…

El lugar del taller de la imprenta, era el único lugar posible para montar el taller para pintar. Por lo tanto, ese lugar debería sufrir una violenta y rápida transformación. Así que manos a la obra. Desempolvando atriles, tableros y caballetes, fabricando bancos y cajoneras. Preparando papeles, cartones, telas, maderas, terciados y cualquier otro soporte que pueda ser pintado…

Leyendo libros para encontrar un clima adecuado para la inspiración y las ganas de hacer… Leyendo sobre los grandes cambios del mecenazgo, las galerías, los centros culturales, los lugares de encuentro y las nuevas formas de este quehacer… La aparición de nuevos “oficios” como Curadores, Gestores Culturales, operadores de Arte… Catalogando y haciendo fotografía de cerca de 300 obras que estaban esperando mi atención…

Quitando la dureza de las manos. Atreverme otra vez a atacar un plano en blanco, con alguna carbonilla, lápiz o una tiza pastel. Volver a sentir el olor a los solventes, aceites y pinturas.

Y aquí estoy…año 2016. Ahora estoy pintando. ¡Gracias a Dios!

¡Gracias a Dios!!!, estoy pintando…

A partir de entonces, mágicamente, esas nuevas formas resucitan a cóndores, naturalezas muertas, figuras, paisajes, músicos, personajes, estos temas a los que ya alguna vez le había dado forma y color…

Volver a pintar… Siii, volver a pintar… Otra vez estoy pintando!!! !Gracias a Dios, otra vez me encuentro pintando!!! Sí, creo que Dios es cómplice conmigo de cada momento que ahora estoy transitando… Él es partícipe de todos mis proyectos… Hace 20 años que andamos juntos. Mejor dicho, Él va adelante de mis pasos y yo voy copiando su andar y caminar.

Creo que toda la biografía que le he contado aquí, son hechos reales que he transitado y han sido preparados por Él de antemano para que yo anduviera en ellos. ¡Nada Le discuto!!!

No tienes ni idea lo feliz que me siento porque por fin estoy pintando de verdad… Llevo más de 300 obras pintadas en los últimos 3 años y medio… Obtuve dos premios en el año 2017. Hice una gran exposición con 45 obras en Casa de la Cultura Córdoba en 2018, denominada “20 Años no es nada”. Fui seleccionado para el Salón Nacional de pequeño formato del Museo de Bellas Artes de Tandil en 2019. Vivo en un lugar hermoso como es Villa del Dique desde junio del 2018.

¡Claro que sí… doy gracias a Dios!!!

En el taller trabajando en la serie “Interpretaciones pictográficas” Año 2020

20 Años no es nada

Ya les dije que la mejor noticia que tengo para mí es, ¡Ahora estoy pintando!…

Bien, partiendo de aquellas viejas series iniciadas en la década del 80 sobre frutas, tango, desnudos, paisajes, cóndores y figuras, que nunca fueron cerradas, les fui incorporando experiencias y visiones que las apoyan o modifican, las amplían o simplifican, y las benefician o perjudican; pero siempre con el sello personal que las identifica, como nacidas del mismo gen creador. No quedan dudas que hay un hilo conductor que las empareja, a pesar de haber hasta cuatro décadas que las separan. Ellas mismas expresan unidad que las ligan al mismo autor… ¡Son mis pinturas!

Una muestra llamada “20 Años no es nada”, realizada en Casa de Cultura Córdoba en el año 2018, puso fin a ese silencio lleno de gritos y susurros y este romance renació y se hizo ver. 45 obras de diferentes técnicas fueron colgadas. Algunas fechadas en la década del 80/90, fueron introduciendo a la nueva pintura en cada una de las cinco series presentadas. ¡Ahora no solamente estoy pintando, sino que otra vez me estoy mostrando!.

¿Qué estoy pintando?

Tengo en ejecución 2 series nuevas, aunque ya he tratado en ocasiones anteriores estos temas.

Una es, “Identidad serrana”, que alude a paisajes del valle y su entorno; y la segunda se llama “Interpretaciones Pictográficas”

Identidad Serrana

Los paisajes forman parte cotidiana en el taller de casi todo pintor. Para mi también. En este caso la serie está haciendo referencia a las particularidades que le dan entidad a la Sierra chica. La sierra del valle de Calamuchita tiene un ritmo visual muy suyo, un color que la hace muy querida y es muy agradable a la vista porque es la compañera en todo trayecto que hagas… Es imposible evitarla.

Interpretaciones Pictográficas

Habla sobre la pictografía aborigen en general, tienen una cierta complicidad con los entornos serranos. Visité los emplazamientos indígenas desde Zuco hasta el Cerro Colorado, pasando por Inti-Huasi, Estancia Ulises D´andrea, y otros. No es un relevamiento sistemático, sino una interpretación de símbolos, figuras y animales avistadas en mis recorridas, y son llevadas a las telas como nuevas pinturas. Este enfoque me permite libertades amplias para interpretarlas.

Otra vez estoy en movimiento y haciendo lo que más me hubo haberme gustado en toda mi vida: ¡Estoy pintando!… ¡Pin…tan…do! /Fin/

Ahora vivo en Villa del Dique desde el 29 de Mayo de 2018. A mi lado mi cómplice, mi esposa y mi profesora…

Siempre fui un investigador de técnicas y procedimientos, logrando grandes aciertos en ello. Tengo obras de más de 40 años de pintadas, y se mantienen intactas. Una de mis preocupaciones es la permanencia física de la obra en buen estado de salud. Hoy estoy experimentando con la aplicación de tiza pastel, sobre texturas con bases acrílicas muy espesas y fuertes, preparadas de manera artesanal y aplicadas con pinceles fabricados también por mí.”

Abel Fernández – Artista Plástico – Asfer

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